Desestructurando el concepto música: Una ofensiva a la cultura

(Artículo publicado originalmente en la revista Herejía y Belleza. Nº1. A.C. Mentenebre. Madrid. 2012)

 

 En muchas ocasiones, no somos conscientes de la manera en la que la propia sociedad, representada por medio de los Estados y gobiernos, controla, censura y limita la cultura para sus propios intereses. Aunque parezca una actuación ineluctable, realmente está lejos de serlo. Uno de los focos culturales que las clases dirigentes han intentado defenestrar de su campo de efecto a lo largo de la historia ha sido el de la inclusión del ruido dentro de los registros musicales. El objeto de este análisis se fundamenta en delimitar los campos de actuación del término música de cara a la demostración y aceptación de los géneros noise, power electronics, experimental e industrial dentro de él.

 

Desde el principio de los tiempos el ser humano se ha visto necesitado de la cultura para poder sobrevivir en el mundo. Bien sabido es que si tuviésemos que vernos obligados a definir al ser humano con una palabra, ésta sería “cultura”.

El sistema nervioso de la cultura se fundamenta en el lenguaje. Éste se compone de palabras, y cada una de ellas esconde un significado que hace que cobren vida. La vida de cada palabra no se manifiesta hasta que no entra en uso, hasta que no se sedimenta en los estratos sociales. Sin embargo, y como podemos concluir sin demasiada dificultad, la sociedad es un juez prevaricador que actúa siempre mirando en su propio beneficio para alcanzar las metas que mejor se ajustan a sus intereses. De esta diversidad de intereses nacen los distintos tipos de cultura, que hacen que unos grupos sociales se diferencien de otros.

Dicho esto me gustaría centrarme en un concepto muy concreto, el de música. ¿Qué es lo que el ser humano entiende por música y qué no lo es? ¿Cuáles son los límites que definen al concepto? Y sobre todo: ¿es posible variar la ontología de un concepto sin dañar la existencia del mismo? La respuesta a la última cuestión viene resuelta por la actuación epistemológica, que es, a fin de cuentas, la encargada de moldear la ontología de un concepto. La cultura se fundamenta en la práctica, y no la práctica en la cultura.

Posiblemente, el mayor culpable de la invariabilidad de los conceptos sea la teoría platónica del mundo perfecto de las ideas; gracias a ella, y escudándose en Parménides como artífice principal, los conceptos son lo que son, y mutar su significado constituye una acto imposible. Sin embargo la ciencia, utilizando la historia como motor de cambio, ha demostrado que los conceptos pueden y deben mutar estructuralmente por causa de la evidencia empírica. Tres nombres me vienen a la cabeza: Copérnico, Galileo y Newton.

Si la historia ha demostrado que no todo lo ideal es inmutable, ¿entonces por qué la sociedad se obceca en seguir discriminando esta posibilidad a ciertos aspectos de la cultura?

El objeto de este análisis se fundamenta en delimitar los campos de actuación del término música de cara a la demostración y aceptación de los géneros noise, power electronics, experimental e industrial dentro de él.

La RAE es bastante ecléctica a la hora de definir un término que cuenta con nada menos que ocho acepciones. Por razones de espacio no voy a citarlas todas, pero sí que me gustaría destacar algunas que incurren en contradicción lógica cuando son comparadas entre sí. Sin ir más lejos, las dos primeras: 1. f. Melodía, ritmo y armonía, combinados. 2. f. Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído.

La primera definición adolece de simplicidad. En ella el concepto debe cumplir unos patrones estructurales, y si no los abarca en totalidad, no puede ser definido como tal; mientras que la segunda expresa de una manera mucho más receptiva la posibilidad de evolución dentro del término. Ésta presenta una fundamentación teleológica, es decir, se basa en el fin (la recreación del oído) para definir al medio. Efectivamente, el género noise presenta en sus composiciones una sucesión de sonidos modulados aunque no por ello familiares, y su objetivo es consumado por el oído del que voluntariamente la consume. Es por ello que el ruido, siempre que sea generado de forma voluntaria y premeditada, es decir, sea compuesto por un autor, o dicho de otro modo, tenga autoría; debe ser considerado dentro del campo de la música.

La valoración que el oyente concluya sobre el resultado de la música no debe afectar a la conceptualización de la misma. Los axiomas también se encuentran ubicados dentro del saco cultural, aunque en muchas ocasiones parezca que éstos trasciendan y se sitúen fuera de sus límites, cerca del Pantócrator. A casi nadie le gusta que le ofendan, sin embargo sabemos en qué consiste ofender hasta el punto de saber que no nos gusta que lo hagan. Por ello no vamos a negar la naturaleza de una ofensa, más bien todo lo contrario, intentaremos utilizarla en nuestro propio beneficio por medio de resortes como el Derecho Penal. ¿Entonces, por qué rechazar las composiciones ruidistas dentro del universo musical?

Las primeras manifestaciones ruidistas dentro del campo musical las encontramos a principios del siglo XX en el compositor y pintor italiano Luigi Russolo, que utilizó como inspiración y participó activamente en el famoso Manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti, que exige a gritos ese cambio en el andamiaje cultural que se demandaba en los primeros párrafos de este análisis. El mensaje que transmite el manifiesto puede ser comparado con las lecciones que podría haber pregonado el superhombre de Nieztsche, aunque, una vez más, la teoría fue mancillada por la historia y mal utilizada por parte de los regímenes totalitarios.

Centrándonos en la obra de Russolo, el genio italiano ideó instrumentos, permítanme llamarlos musicales, para hacer ruido. El Intonarumori o máquina de hacer ruidos es el mejor ejemplo de ello. Con ella se generaban multitud de sonidos disonantes con el fin de componer piezas musicales atípicas hasta el momento. Huelga decir que este invento fue duramente criticado por la sociedad de la época, que no veía en él otra cosa que no fuese un despropósito. En este acontecimiento encontramos la actuación de la sociedad como juez discriminador asentada en la tradición sobre la que se nutre el concepto. La gente rechaza el Intonarumori porque no lo comprende, porque no alcanza a discernir cuáles son las posibilidades de su uso dentro de los alcances como aportación a la cultura. El Intonarumori no se instaura dentro del legado cultural porque no cuenta con la aceptación solidaria del núcleo social. Sin embargo, no por ello deja de ser útil, de crear ruidos, de conferir la posibilidad de que en algún momento su efecto sea aceptado dentro de la urdimbre del término para el que fue creado.

Russolo inspiró su obra de 1913 El arte del ruido en el Manifiesto de la música futurista de Balilla Pratella, que tan sólo dos años antes instaba a generar nuevas composiciones basándose en los sonidos producidos por las máquinas fabricadas a raíz de la segunda revolución industrial. Los sonidos de la fábrica y de los instrumentos de la nueva guerra debían ser los inspiradores del cambio en la música. El concepto inalterable sobre la idea de música debía verse modificado por el cambio que implica el transcurso de la historia.

Para poder controlar y apreciar algo resulta imprescindible comprenderlo previamente. Ésta es la razón por la que a lo largo de la historia el ruido ha sido desdeñado y apartado de las filas del consumo, su difícil comprensión de cara al estudio y control por parte de los dirigentes políticos y los gobiernos que establecen y regulan la cultura. Psicosomáticamente hablando, el ruido se traduce en caos, en descontrol, y creo que no existe concepto más adverso para un estado que no sea ese. Ésta quizá pueda ser la razón por la que a las distintas sociedades occidentales nunca les haya resultado interesante integrar el ruido dentro de su registro cultural más afín, sino todo lo contrario, han procurado defenestrarlo, apartarlo de los campos del uso común como algo positivamente valorado. Resulta más que curioso el hecho de que el ruido haya sido rechazado como elemento de instrumentación por la sociedad de consumo durante más de setenta años. El aislar la posibilidad de conocimiento de este elemento dentro de un ámbito académico nos dice mucho acerca de la selección y el control sobre la cultura por parte de las clases dirigentes.

La interpretación del ruido resulta muy confusa, se escapa con mucha facilidad de los cánones y la acotación normativa consuetudinaria, y esa característica puede instar a la particularidad y al individualismo conceptual dentro del campo del valor. El distanciarme en términos valorativos del resto me convierte automáticamente en un disidente y, obviamente, la disidencia es una actitud que cualquier gobierno intenta evitar a toda costa.

La primera manifestación de disidencia social a gran escala utilizando el ruido como ingrediente y la música como herramienta la encontramos en el movimiento punk británico que tuvo lugar a mediados de 1976. Además del contenido socialmente reivindicativo inserto en muchas de las letras de los grupos de la primera generación punk, su activismo se encuentra en la transformación de la estructura ejecutiva tradicional que las bandas venían realizando hasta el momento. La incursión del ruido en las composiciones de las agrupaciones que conformaron este movimiento viene dado en muchos casos por su falta de práctica a la hora de tocar los instrumentos musicales. Las continuas disonancias y saturaciones se generaban por esa razón. Cierto es que esta faceta no es en todo caso endémica del movimiento punk británico, sino que viene más bien dada por bandas estadounidenses como The Ramones. Lo que sucedió tuvo que ver con una inversión en la prioridad de los valores con respecto al fin buscado. La inquietud con respecto al fin cambió de forma aritmética, ya que ahora no se trataba de disfrutar DE la mú- sica, sino de disfrutar CON la música, por lo que la destreza a la hora de ejecutarla no resultaba tan importante como gozar de su resultado. Y este resultado no era ni más ni menos que un nuevo corpus conceptual completamente adverso a los anteriores que desataría el interés por lo desconocido. The Ramones o Television habían demostrado al mundo durante 1976 que tocar de forma atípica, y deficitaria en analogía con el pasado, podía resultar tanto o más atractivo para gran parte del público que lo que se había experimentado antaño, de hecho podía provocar una cierta empatía con el público, que tras la experiencia se planteaba la posibilidad de intentar emprender un proyecto musical de similares características. En comparativa, resulta algo parecido a la incursión del arte Pop dentro de las revistas de arte durante la década de los sesenta del pasado siglo. La época de los manifiestos capitaneada por el prestigioso crítico de arte estadounidense Clement Greenberg se fue por tierra cuando una serie de cuadros que muestran latas de sopa Campbell presentada por el artista estadounidense Andy Warhol insta a preguntarnos qué es realmente el arte, cuáles son los límites de éste, y, sobre todo, quien dictamina que esto es arte y aquello no.

La cuestión nos trasladaría obligatoriamente a un plano normativo, pero éste a su vez descansa sobre un páramo eminentemente ético. Una ética que se camufla bajo la máscara de la normatividad, pero, al fin y al cabo, una ética. Wittgenstein cuestionó la solidez del imperativo categórico kantiano en la conferencia sobre ética que tuvo lugar en la caliginosa ciudad de Cambridge durante 1930. Desde aquel momento, la fundamentación trascendental de los valores morales pierde toda su sostenibilidad, y los efectos de esta consecuencia también se manifestarán en los campos del arte, contando con movimientos tan sorprendentes como es el arte conceptual entre otros.

Volviendo de nuevo al plano de la música industrial, una de las mayores características de este estilo se basa, al igual que ocurría con el género punk, en la importancia que éste confiere al aspecto ideológico por encima del puramente musical. Cabe resaltar que esta tendencia es coetánea al movimiento punk, ya que ambas tienen sus primeras manifestaciones en Estados Unidos durante finales de 1975 y principios del año siguiente (con Boyd Rice en el caso industrial) y su núcleo de actividad y desarrollo como movimiento se verá desplazado al otro lado del Atlántico un año más tarde, aunque siempre es necesario reseñar como foco de indiscutible influencia para el género industrial el polémico LP de Lou Reed Metal Machine Music, para algunos el peor trabajo de su carrera, para otros el referente inexcusable de una nueva tendencia que acababa de ver la luz.

En el caso del punk es más que conocida toda plantilla de primeras bandas que dan nombre al movimiento: Sex Pistols, The Damned, The Clash… Sin embargo, en el aspecto del movimiento industrial, las agrupaciones son menos nombradas. La más importante y representativa será sin lugar a dudas Throbbing Gristle. Throbbing Gristle se caracteriza por generar atmósferas acústicas opresivas y espontáneas utilizando distorsiones, loops, y escapes sonoros que son generados en unas ocasiones y mezclados en otras con sintetizadores. El cuarteto liderado por el controvertido Genesis P. Orridge antepondrá la importancia de transmitir un mensaje de protesta social basado en el claro reflejo de los defectos y deficiencias de las sociedades a lo largo de la historia, a la preocupación por realizar una composición melódica de calidad. Este esquema se materializó hasta el punto de convertir en puras improvisaciones la mayoría de sus conciertos. La banda no sabía lo que iba a tocar, y mucho menos aún como podría sonar el resultado de la actuación conjunta. Lo único acordado de antemano era la temática sobre la que se basaría del discurso de Orridge. Ésta estaría repleta de imágenes comprometedoras y polémicas que hacían agachar la mirada del que se define pudoroso, en ellas se presentaban desde instantáneas relacionadas con el Holocausto hasta la pura pornografía, aunque éste último aspecto ya lo venían trabajando en su anterior proyecto COUM Transmissions a base de “acciones” en las que Cosey Fanni Tutti y el propio Orrigde realizaban, normalmente desnudos, todo tipo de obscenidades y actividades escatológicas que por falta de espacio no detallaré en este texto y que dejaban al público asistente tan perplejo como boquiabierto.

Lo que Throbbing Gristle buscaba con su música no era sólo provocar desagrado a base de exponer las facetas mas deplorables experimentadas por el género humano, la intención del grupo radicaba en demostrar a la sociedad hasta que punto esa faceta queda oculta para la mayoría de los sectores por medio del control y los resortes gubernamentales. El filósofo alemán Friedrich Schelling se cuestionaba el trasfondo sobre el origen de la naturaleza y la creación divina argumentando “Lo oscuro le precede.” Efectivamente, antes de la hipotética creación del universo, que se asemejaría con el orden cosmológico que proyecta la naturaleza y que el ser humano interpreta por medio de la ciencia, existiría un caos primigenio, un “pneuma” del que todo parte, un descontrol de libertad absoluta que muestra abiertamente la totalidad de las alternativas que nos rodean y conforman. El orden social siempre lleva consigo una estratificación, una selección y discriminación de valores con el fin de estructurar de la forma más eficaz un interés común, un pacto social. Sin embargo, resulta imposible la no existencia de disidentes de cara a la aceptación de todos los términos que conforman este pacto, ya que si esto presentase una forma tan idílica y armónica como la que Rousseau argumentaba, no habría necesidad de pacto alguno. Pues bien, los disidentes de esta etapa dentro del campo musical se encarnan fielmente en bandas y compositores como SPK, Maurizio Bianchi, Cavaret Voltaire, Nurse With Wound, Monte Cazzaza, Whitehouse o los propios Throbbing Gristle. Son grupos que intentan exponer esa alternativa oculta que también forma parte del género humano y que la moral tanto castiga, censura y pretende enterrar. Ellos representan, por medio de la utilización del ruido, el descontrol en su esencia, sin pautas ni medidas preestablecidas.

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Throbbing Gristle

El movimiento industrial que detonó durante 1977 supone un nuevo comienzo, la eclosión de una crisálida concebida en el mayo francés de 1968, que tuvo como padre a la postmodernidad. Y creo que Herbert Marcuse puede alzarse como el mejor analítico de esa sociedad infectada, descubriendo en el individuo una represión subyacente que le impide encontrarse consigo mismo, discernir cual es su verdadera naturaleza, ya que los resortes impositivos ideados por la sociedad crean una falsa libertad conceptual basada en el control, en la acotación semiótica del propio concepto. Este control gubernamental sobre la conceptualización es un referente inexcusable para el próspero desarrollo del sistema capitalista. Como muy bien apuntaba Jacques Attali, “con la invención del dinero la música se inscribe en el uso; la mercancía va a atraparla, producirla, intercambiarla, hacerla circular, censurarla. Deja entonces de ser afirmación de la existencia para convertirse en valor.” Dicho de otra forma más práctica, con la llegada del capitalismo la música se convierte en mercancía. Como todos sabemos, la estructura de mercado se basa en las leyes de la oferta y la demanda. Las empresas producen lo que el público demanda, y el público consume lo que la sociedad le inculca como válido por medio de los resortes culturales. El género industrial, al igual que pasó en menor medida con el punk, tuvo que utilizar el medio de la autoproducción para poder acceder al mercado. Las discográficas de los setenta no estaban por la labor de editar a bandas polémicas y conflictivas que arremetiesen contra los cimientos de la estructura del bienestar ideada en tiempos de postguerra, o que generaban tonadas de difícil comprensión para el consumidor estándar. Es por esta razón que, utilizando medios de producción de bajo coste como era el grabador de casete, las primeras formaciones industriales como Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire o Clock DVA empezaron a comercializar una música subsidiaria en un formato accesible que debido a su éxito y recepción trascendió a otros más valorados y de mayor matiz acústico como el vinilo. Este es el caso de Industrial Records, la primera discográfica industrial independiente creada por los integrantes de Throbbing Gristle. El término “industrial” para referirse a este tipo de música fue acuñado por el compositor experimental americano Monte Cazzaza, que tras su viaje a Inglaterra trabajó directamente con el cuarteto en la producción y distribución de este tipo de material. La autonomía organizativa que demostró Trobbing Gristle les permitió adentrarse en el mercado discográfico sin mancillar sus ideales hasta convertirse en uno de los sellos más rentables del mercado independiente en el momento de su disolución, durante 1981, coincidiendo con la separación del conjunto que le dio forma. La realidad empresarial independiente de Industrial Records, permitió utilizar las publicaciones de las bandas editadas en ella como verdaderos recursos de difusión informativa que luchaban contra las bases del sistema establecido. Muchos de los primeros trabajos de esta discográfica incluían panfletos en los que se exponía la falsa realidad desenmascarada que la cultura nos impone como creencia. A raíz del surgimiento de Industrial Records, comenzaron a crecer otras casas discográficas minimalistas como United Diaries o Mute de Daniel Miller, que tras el fichaje de bandas más accesibles como Depeche Mode, empezaron a cosechar un colosal éxito. Miller estuvo participando en el proyecto COME, junto a William Bennett y Peter McKay de los futuros ruidistas Whitehouse. De hecho, y para mal trago de Orridge, ante la imposibilidad por parte de otras nuevas formaciones de tinte industrial de fichar por sellos ya constituidos como Industrial Records, surgirán casas especializadas en el recrudecimiento exasperado del ruido como fin, criticando el decaimiento estilístico y el refinamiento que las primeras agrupaciones estaban empezando a tener por causa de la adaptación de sus composiciones a estilos más comerciales y accesibles. Éste es el caso de los citados Whitehouse, que constituirán COME Organisation en la ciudad de Londres durante 1979 con la intención primigenia de dar salida a sus propias creaciones, aunque, las primeras referencias corresponden al proyecto antecesor de estilo minimalista COME.

Al igual que pasó con la tendencia punk, tras la finalización de la efímera andadura de las primeras bandas seminales, el movimiento en sí se bifurcará en tendencias y subestilos, dando lugar a un fabuloso crisol repleto de posibilidades, desde accesibles y comerciales hasta extremas y radicales. En el caso del punk, el movimiento del setenta y siete dio lugar tras su decaimiento a subgéneros como el anarcopunk, o el OI, así como el skatepunk y un sinfín más de estilos. En el caso del movimiento industrial, el esquema conceptual va a desarrollarse de la misma forma, pudiendo catalogar a COME Organisation como el primer sello extremo de la tendencia industrial, distribuidor de la rama power electronics, definida como tal en el texto de la portada del LP Psychopathia Sexualis que Whitehouse publicaría en el año 1982. Otros que seguirán la misma pauta empresarial, abordando los aspectos más repudiados de la historia de la humanidad, serán los responsables del sello Broken Flag, que comenzará su actividad tres años más tarde que COME, en 1982, pero que nada tiene que envidiar al ya citado. La técnica de producción y distribución de Broken Flag va a ser similar a la usada por COME y otras discográficas independientes, como la utilización del casete y la edición de vinilo de tirada limitada (normalmente a 500 o 1000 copias). Esta autogestión era favorable para las bandas por varias razones, la primera de ellas es que les permitía abordar la temática deseada sin ningún tipo de restricción moral o política, gestando de esta manera verdaderos caramelos rebosantes de infamias y crítica social. Por otro lado, se equilibraba de forma muy eficiente la economía de mercado, ya que en rara ocasión se producía una acumulación de excedente. Los sellos fabricaban lo que estimaban que iban a comercializar, e infrecuentemente se producía la reedición, es por ello que hoy en día este material es tan difícil de conseguir, alcanzando precios muy elevados en los mercados de subastas públicas.

Cierto es que actualmente algunas casas discográficas han optado por reeditar varios de éstos trabajos registrados originariamente en cinta de audio utilizando en esta ocasión otros soportes más resistentes y de mayor calidad acústica, como son el vinilo o el CD; sin embargo, estas reediciones pueden considerarse “relanzamientos”, ya que el oyente que lo adquiere descubre un producto que antes no había tenido la oportunidad de escuchar debido a su difícil accesibilidad comercial. Sin ir más lejos, éste es el caso del grupo estrella de Broken Flag, que además fueron los creadores del mismo; hablamos de Ramleh y de su alma máter Gary Mundy, que tras acudir a una actuación de Whitehouse decidió formar una banda emulando el estilo de la de Bennett, pero aportando su matiz personal. Gracias a esta apuesta, Ramleh pudo materializar sus propias inquietudes artísticas, así como dar oportunidad a otra serie de bandas ajenas al Reino Unido que se caracterizaban por realizar una música que se resistía a ser catalogada como tal por la crítica. Prueba de ello es la primera referencia en vinilo de Broken Flag, Neuengamme, que incluía a artistas como los españoles Esplendor Geométrico, que llevaban un año de andadura, o el milanés y prolífico Mauricio Bianchi, otro de los grandes representantes del género industrial por derecho propio. También contaba con la presencia de los instigadores Whitehouse y de los efímeros Consumer Electronics.

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Whitehouse

Cierto es que la actividad de la mayoría de estos sellos no superó el año 1985. Al igual que pasó con el punk y el primer industrial, la idea que sustentaba la realización de estos trabajos fue explotada demasiado rápido, haciéndola morir en unos casos de atragantamiento y en otros de indigestión. Aunque como suele ocurrir, en toda ley siempre se dan excepciones. La primera y más remarcable, que además no deja de sorprender por su invariable y lineal progresión en el tiempo, es United Diaries, el sello de Stephen Stapleton, responsable del proyecto Nurse With Wound. Éste se caracteriza desde sus comienzos por elaborar una música que guarda mucha consonancia con la producida por la tendencia francesa de los años cuarenta “musique concrète”, ideada por Pierre Schaeffer. Al igual que ésta, las tonadas de Stapleton se caracterizaban por alcanzar una larga duración, realizando en ellas la combinación de diversos sonidos independientes, pegados, superpuestos y fusionados entre sí dando a luz una tonada con efecto collage.

Un aspecto que resulta muy remarcable de Nurse With Wound son sin duda sus influencias artísticas, ya que desde el principio de su carrera, Stapleton se ha definido como dadaísta y surrealista. El objetivo buscado tanto en el ya citado futurismo como posteriormente ocurrirá con la corriente dadaísta no era otro que la destrucción de lo impuesto socialmente y la primacía del instinto sobre la lógica.

La música de Nurse With Wound se adaptará a la perfección a estos cánones, sorprendiendo en 1979 con un disco alimentado por la glándula mamaria del krautrock, pero con personalidad propia: Chance Meeting on a Dissecting Table of a Sewing Machine and an Umbrella, un trabajo de tres canciones de larga duración que fue registrado en tan sólo seis horas. Puede ser considerado como pura improvisación, ya que al igual que sucedía con los conciertos de Throbbing Gristle, así como con la mayoría de las bandas que conforman la primera oleada industrial, ninguno de los tres miembros que intervinieron en la grabación tenía demasiado claro lo que iba a hacer, ya que éstos fueron avisados por Stapleton poco tiempo antes de la grabación del disco, y nunca antes habían ensayado juntos. Tras la publicación de Chance Meeting on a Dissecting Table of a Sewing Machine and an Umbrella, Stapleton no ha parado de editar trabajos bajo el nombre de Nurse With Wound, además de hacer lo propio bajo otros pseudónimos y en colaboración con otros grupos como Current 93, constituyendo así una de las discografías más prolíficas de la primera generación industrial junto a la del polémico compositor experimental Mauricio Bianchi.

Entrando en el aspecto estético, las formaciones industriales han mostrado generalmente una especial preferencia por las vestimentas corporativas. Con el paso de los años, este género ha mantenido la ropa militar como símbolo de identificación. La razón de ello no deja de ser irónica, ya que por medio del ruido como herramienta, elemento que se escapa del poder de control llevado a cabo por la sociedad, las bandas industriales proponen ejercer un nuevo y estricto juicio revisionista sobre el ya establecido, descubriendo sus fallos y sus carencias. La vestimenta militar simboliza esa actitud de enfrentamiento y lucha constante contra el enemigo, un enemigo que se encarna en la propia cultura impositiva.

Otro valor que aporta la vestimenta militar, y que las agrupaciones industriales sabrán aprovechar para sus propios intereses, será el de las connotaciones con los regímenes fascistas originados durante la primera mitad del siglo XX. Multitud de bandas industriales y postindustriales han sido tachadas de neofascitas debido a su exacerbada provocación estética. Este es el caso de los propios Throbbing Gristle, que usaron como logo un símbolo que se asemejaba demasiado al utilizado por la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley, así como años más tarde los también británicos Death In June utilizaron el emblema de la división SS nazi, conocido con el nombre de totenkopf, como parte de un emblema jeroglífico que les representaba; por no hablar de los eslovenos Laibach, que suelen ir vestidos de oficiales de la SS hasta para ir al supermercado. Obviamente, la razón principal y más extendida ante el uso de esta simbología tan controvertida siempre ha sido el hecho de causar un efecto de choque sobre la sociedad, de la misma manera que grupos como los Sex Pistols o Siouxsie And The Banshees estaban haciendo simultáneamente, utilizando la esvástica como estandarte de la nueva ideología “no future” preconizada por el también recién nacido punk rock de 1977. Sin embargo, el campo industrial ha sufrido una mayor persecución y condena que el punk, y esto es debido en cierta manera a su inmutabilidad conceptual y su persistencia en el tiempo gracias a la publicación y distribución por parte de algunos sellos minimalistas.

El ruido como emblema dentro de la música evolucionó de distintas formas dependiendo del país en el que éste se desarrollase. La situación social y el control ejercido por los estados sobre la población por medio de resortes como la consuetudinariedad u ordenaciones sociales como el capitalismo han hecho que esta tendencia responda manifestando un arte reaccionario mucho más agresivo en unos lugares que en otros. Sin ir más lejos, la manifestación más extrema de la utilización del ruido para fines compositivos podemos encontrarla en Japón a principios de los años ochenta con el nacimiento del llamado género japanoise. Efectivamente, el uso del ruido como herramienta de transmisión de sentimientos es utilizado por las bandas japonesas para manifestar la presión interna a la que muchos de sus ciudadanos se sienten condenados a sufrir de forma indefectible por causa del imparable desarrollo de la actividad económica de producción.

Masami Akita, máximo exponente del movimiento japanoise gracias a su proyecto Merzbow, declaraba en una entrevista una postura puramente perspectivista frente a la naturaleza y uso del concepto de música: “Si por ruido nos referimos a un sonido incómodo, entonces la música pop es ruido para mí.” Para muchos proyectos japoneses, el ruido en su estado más puro es el mejor instrumento para expresar la opresión y el sinsentido que sus vidas sufren por causa de la actuación de un estado que no se adecua a sus intereses. El ruido más desgarrador incita a la destrucción total con vistas a alcanzar un efecto catártico que libere al sujeto de las cadenas que lo atan a su jaula, una jaula conformada a base de responsabilidades impuestas por el aparato gubernamental.

Desde su nacimiento, hace ya más de treinta años, el movimiento industrial no sólo se ha mantenido, sino que ha conseguido expandirse y fusionarse con otras tendencias que abrazaron el término con mucho entusiasmo debido a su polémica y controvertida naturaleza. Este es el caso del llamado industrial rock, o de los subgéneros EBM y electro, que unieron en muchos casos la agresividad intrínseca del industrial con la accesibilidad compositiva del techno pop, haciendo que muchos componentes de bandas pioneras del movimiento industrial renunciasen a ser encasillados dentro del término que ellos mismos habían creado por causa de la tergiversación conceptual a la que éste se había visto sometido.

Actualmente, el estilo seminal de la primera corriente industrial se ve encarnado en la subvertiente post-industrial, denominada así para remarcar la continuidad del género. Sellos como Cold Spring, Tesco o Cold Meat Industry surgieron a finales de los años ochenta con la intención de perpetuar este estilo minimalista y subversivo. Actualmente, es común la celebración de festivales en los que se dan cita diversas bandas de este movimiento, y a los que acuden cientos de seguidores de todo el planeta.

Cada vez son más las formaciones que encuentran en este estilo de música una respuesta a sus inquietudes, una correspondencia con sus sentimientos que nada tiene que ver con las pretensiones otorgadas por la cultura heredada. La redefinición de la música es tan sólo un asunto dispuesto a consenso, y es la propia historiografía la encargada de solicitar dicha modificación, entendiendo en todo momento a la historia como un proceso de cambio generado por los individuos que le dan forma. Obviamente, el proceso de cambio viene dado por la sedimentación del hecho que conforma el mismo, y este proceso de sedimentación depende de la atención que se le quiera prestar a dicho hecho. Siguiendo a Simon Frith: “la distinción entre música y ruido define la diferente atención que se le presta a un sonido, en vez de la calidad del sonido en sí misma.”

Sólo el tiempo, entendido como un transcurso constante de hechos, conseguirá que los valores asentados en las fundamentaciones conceptuales puedan cambiar.

 

Fernando O. Paíno.

 

 

Referencias Bibliográficas:

– Charles Neal Tape Delay. Saf Publishing, England. 1987. – Simond Ford Wreckers of Civilization. Black Dog Publishing, England. 1999. – Vale, V. RE/Search. USA. 1983. – Attali, Jaques. Noise-The Political Economy of Music. Ruedo Ibérico, Valencia. 1977. – Danto, Arthur C. Después del Fin del Arte. Ed Paidós. – Schelling, Friedrich. Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana, Anthropos, Barcelona, 1989. – Keenan, David. England’s Hidden Reverse: Coil-Current 93-Nurse With Wound. Saf Publishing, England, 2003. – Clark, Brian M. Standing In Two Circles. The Collected Works Of Boyd Rice Creation Books. 2008. – Hegarty, Paul. Noise Music. A History. The Continuum International Publishing Group, USA. 2007. – Frith, Simon. “What is Bad Music”. Bad Music: The Music We Love to Hate. New York. Routledge. 2004. – Wittgenstein, Ludwig. Conferencia Sobre Ética. Paidós Ibérica. 1995. – Robb, John. Punk Rock. An Oral History. Ebury Press. 2006. – Strongman, Phil. La Historia del Punk. Robin Book. Barcelona. 2008. – Savage, Jon. England’s Dreaming. Reservoir Books. Barcelona. 2009.

La Breiche – «Le Mal Des Ardents»

El fuego de San Antonio

Cold Spring – Febrero de 2017 – Dark ambient / Medieval - CSR224CD

Le Mal Des Ardents

La Nef Des Fous

Apôtres Du Chaos

Froide Lune

Enfers

L’Oracle Du Soleil

L’Antre Du Pesteux

 

El dúo galo La Breiche nos sorprende con la publicación de su primer larga duración, Le Mal Des Ardents, un disco que consigue trasladarnos a contextos inhóspitos y bucólicos ambientados en el folk tradicional y la brujería medieval.

 

Escuchar el primer CD de La Breiche es como pegarse un viaje a una aldea del medievo a la que la inquisición observa con cierto recelo. Le Mal Des Ardents logra adentrarnos en ambientes sombríos, colmados de expectación y misterio. La sensación que transmite está repleta de tensión e imprevisión, cambiando de registro según van corriendo los cortes. Podemos hallar desde piezas dark ambient enjuagadas por un filtro ritual, como es el caso de “Enfers”, hasta temas puramente melódicos en los que proliferan cantos solemnes a distintas escalas, todo ello sin perder en ningún momento la personalidad envenenada y opaca que caracteriza el estilo de esta banda.

 

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Uno de los puntos clave de su perfil renegrido y enigmático es la constante utilización del silencio, presentado en consonancia con notas expandidas y golpes de percusión metálica, los cuales logran recordarnos someramente el estilo de conjuntos de la talla de Hati. Sin embargo, Le Mal Des Ardents se describe a sí mismo como un trabajo ecléctico y cambiante en el que multitud de situaciones y perspectivas sonoras van mostrándose de forma ordenada, ofreciendo al oyente una apabullante variedad de matices y planteamientos eidéticos. El folk tradicional es otro de los recurrentes ases con los que el conjunto galo gana la jugada, regalándonos un final emotivo y memorable, palpable en los últimos minutos de “L’Antre Du Pesteux”. Esa nutrida variedad de estilos, instrumentos y contextualización es lo que hace grande a La Breiche. Le Mal Des Ardents tiene la capacidad de fascinar de la misma manera a un fan de Dead Can Dance que a uno de The Moon Lay Hidden Beneath a Cloud o Rosa Crux. Un álbum que funciona igual que una novela, solo que sustituyendo las palabras por un sinnúmero de recursos acústicos en los que se definen paisajes sobrecogedores.

Aunque este combo francés ya había debutado anteriormente en un disco compartido con bandas como Vichy o Huata, conocido con el título de The Darkness, ha sido la discográfica británica Cold Spring la encargada de otorgarles una notoriedad más que merecida.

Le Mal Des Ardents ha sido publicado en formato CD. Viene encofrado en un digipak de seis paneles cuya portada evoca las facetas más heréticas de la Edad Media.

 

 

Fernando O. Paíno

 

Günter Schlienz – «Book Of Dreams»

 

Siluetas sonoras

 

Zoharum – Julio de 2017- ambient - ZOHAR 148-2

 

Just Silhouettes

The Female Coffee Drinking Dwarf

Kafkaesque Speeches

Mushrooming

Stillleben

The Girl With The Cloud Coloured Shirt

Diving Into The Orange Pool

Two Big White Dogs

Awaken

Günter Schlienz vuelve a amarrarse a la carrera editorial de Zoharum rescatando una de sus obras culmen, Book Of Dreams, un trabajo parsimonioso y trémulo confeccionado a base de sintetizadores modulares.

 

Günter Schlienz moldea sonidos tejidos entre sueños. La dinámica que este artista alemán plantea se encuentra cercana a la música cósmica y al experimental más etéreo, gestando álbumes que destacan por su inconsistencia melódica y su atractiva sonoridad. El que hoy presentamos es uno de los más celebérrimos: Book Of Dreams. Este trabajo fue publicado por primera vez durante 2016 en el propio sello del artista Cosmic Winnetou, su lanzamiento se limitó únicamente al formato vinilo y no tardó en agotarse. Un año más tarde, la casa polaca Zoharum amplia la posibilidad de adquisición relanzándolo en CD. Para ello se cambia el diseño de portada y se le añaden “The Girl With The Cloud Coloured Shirt” y “Diving Into The Orange Pool” dos temas extras registrados durante este año.

Book Of Dreams se caracteriza por su talante parsimonioso y placentero. Es un disco exento de sobresaltos y agitación, perfecto para relajarse y meditar, repleto de tonalidades calurosas y dúctiles. Nueve cortes lenes y frágiles que nos hacen sentirnos yacer sobre las nubes. Muy recomendables para todo aquel que siga de cerca de Brian Eno o Alio Die.

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El álbum se plantea como un trabajo sólido que no admite fragmentación, ya que en muchas ocasiones da la sensación de que los cortes se solapan en un manto de sonido que se expande como la espuma del mar sobre la arena. Entre los más apetitosos podemos destacar los momentos acústicos de “The Female Coffee Drinking Dwarf” o “The Girl With The Cloud Coloured Shirt”. Canciones en las que los únicos elementos intervinientes son sintetizadores modulares que el propio artista confecciona, obteniendo unos resultados fascinantes. Hablamos de puro y absoluto experimental en el que las voces quedan hacinadas en el ostracismo para dar importancia al matiz sonoro.

Zoharum ha decidido prensar una tirada de nada menos que trescientos ejemplares a pesar le la reciente publicación de la edición original, y no es para menos, ya que Book Of Dreams se eleva como un genial ejemplo de experimentación ambiental perfecto para disfrutar en silencio.

Fernando O. Paíno

 

 

Inneres Gebirge – «Dämmernder Tag»

Engrandeciendo el neofolk

 

Lichterklang - Abril de 2017 - Neofolk - LK039

 

Auslöschung

Aufbruch

Runenberg

Nacht

Sonnentraum

Berge

Dämmerung

Heimat

Spiralsterntor

Vater

Reifträger

Taborlicht

 

 

“Dämmernder Tag” es la nueva propuesta del combo teutón Inneres Gebirge. Tras cinco años de inactividad, vuelven a la escena cargados de energía encapsulada en nuevos temas de genética neofolk.

 

 

Quizá, estos no sean los mejores días para el género neofolk, ya que durante los últimos años cada vez son menos las bandas y los sellos que apuestan por este particular estilo de música. Criogenizados quedaron aquellos tiempos en los que este estilo era un estandarte dentro del género underground, capitaneado por bandas como Sol Invictus, Death In June, Current 93, Forseti, Sonne Hagal, Of The Wand And The Moon, o Blood Axis. Afortunadamente, sellos como Lichterklang no han desistido en la posibilidad de seguir alentando este estilo, editando interesantísimas formaciones como la que hoy presentamos: Inneres Gebirge.

Este sexteto alemán publicó su primer trabajo en los albores de 2012. Schlafender König estaba impregnado de esencia neofolk, configurando unos cortes firmes y emotivos con claros guiños a alguna de las bandas citadas anteriormente. Cinco años después, deciden regresar con doce fabulosos nuevos temas bajo el brazo que son presentados bajo el nombre de Dämmernder Tag.

 

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Una de las facetas más representativas de las canciones que vertebran Dämmernder Tag es la combinación de instrumentos de viento con cuerda frotada, ensamblándolos con hilos de percusión contundente. El resultado de todo ello se traduce en una suerte de cortes emotivos y sensibles magistralmente estructurados que enardecen la famélica escena neofolk que estamos viviendo.

En Dämmernder Tag podemos encontrar temas tan convincentes como “Aufbruch” o “Nacht”, donde hallamos el influjo de Death In June en lo referente al ritmo de guitarra, al igual que pasa con “Spiralsterntor”, su noveno tema, en lo respectivo a Forseti o el nuevo sonido de Blood Axis. Sin embargo, el conjunto consigue configurar una esencia propia gracias al convincente nervio vocal y la acertada senda melódica, repleta de variaciones y estribillos pegadizos.

Una tónica que comparten la totalidad de tonadas que conforman este CD es la colmada utilización de un amplio catálogo de instrumentos, lo cual puede llegar a ser un arma de doble filo, ya que por un lado enriquecen la estructura estética del corte en particular, pero analizándolo de forma molecular o global, es decir, tratando al disco como un todo, logra resultar tedioso en algunas ocasiones, ya que el eclecticismo queda anulado.

Salvando esta última apreciación, Dämmernder Tag se alza como un acertado regreso de esta formación alemana. Gebirge Inneres ha sabido moldear un trabajo bien equilibrado, reforzado por el sentimiento y la fuerza que empuja a la pasión.

 

 

Fernando O. Paíno

 

 

 

 

WOODLAND GATHERING IV

Cuarta edición de uno de los festivales más interesantes de Reino Unido en cuanto a post industrial se refiere. No sólo por la ecléctica selección de proyectos internacionales que traen, sino por el entorno en sí mismo.

 

 

A pesar de lo remoto del lugar, contaba con dos puestos de comida, bar propio y puestos de varios sellos emblemáticos como Cold Spring Records, Oaken Palace Records o Endtyme Records. El encuentro reúne por dos días a un público muy variado, de diferentes edades y cuyo denominador común es la música extrema. Esta audiencia tan entregada hace especial cada minuto del evento. De hecho, al final de los conciertos, todo desemboca en un ritual de fuego en el centro de uno de los claros del bosque donde todos sacan su lado más salvaje.

Centrándonos en el tema musical, el primer grupo que pude contemplar fueron Blown Out de Newcastle. Herederos orgullosos de la psicodelia japonesa y de las guitarras ruidosas y ritmos pesados se metieron en el bolsillo al público más metalero. Los siguientes en aparecer fueron Shitwife con un impresionante despliegue técnico que mezclaba una batería acústica con sonidos de sintetizador que hicieron bailar hasta al técnico de sonido. Tras ellos salió el dúo de Londres GunCleaner con una puesta en escena mucho más estática y un sonido más cercano al industrial primigenio. Combinaron momentos de ambient industrial con un techno muy oscuro, bailable pero poco predecible ya que jugaron con las pausas y le sacaron un buen partido al equipo de sonido haciendo que algunos momentos del espectáculo fueran dolorosos para los tímpanos. Pero esto solo fue el entremés de lo que estaba por llegar.

El siguiente proyecto en tomar en escenario fue una mujer en solitario: AJA. Sin duda el mejor espectáculo visual del día ya que combinó sus composiciones de noise rítmico con una puesta en escena muy agresiva. Salió con un vestido hecho de papel higiénico y transparencias con la cara fuertemente maquillada de negro. Dijo que tenía preparada una sorpresa para la noche por el micro, puso en funcionamiento un láser estroboscópico y acto seguido salió a la zona exterior donde estaban las hogueras y se rebozó en el fango gritando como si estuviera endemoniada con los ojos ensangrentados y dando patadas. Volvió al escenario y comenzó a poner en marcha todos los sintetizadores que tenía sobre la mesa a un volumen incluso más salvaje que el grupo anterior. Cuando ya estaba contenta con el loop hipnótico que había generado se lanzó al público con el micrófono y continuó su ritual de gritos y auto agresiones hasta quedar completamente desnuda. Estaba claro que estábamos asistiendo a un aquelarre que ella misma dirigía. En un momento de total comunión con el público se lanza a un crowd surfing desnuda continuando con sus gritos y con la mayoría del público extasiado bailando. Impresionante fue la palabra más escuchada para describir lo que transmitió esta chica de Nottingham, y fue pronunciada por las bocas y plumas con más experiencia de la escena industrial británica.

 

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AJA

 

El listón estaba muy alto, y fue complicado para los siguientes grupos mantener el mismo nivel energético. El siguiente en salir es el proyecto sueco Trepaneringsritualen. Le había visto hace tres años en el SE:UK Industrial Alliance y me pareció sublime. Salió con sus representativos candelabros y un velo negro que cubría completamente su rostro. Era ya de noche y un humo denso se adueñó del escenario que ahora tenía una pantalla gigante proyectando imágenes macabras y símbolos mágicos. Cayeron todos sus temas de ritual y dark ambient en menos de una hora, no hubo piedad ni parón alguno. Como remate final para una noche inolvidable tocaron las leyendas ochenteras londinenses Terminal Cheesecake. Pintas surrealistas como era de esperar de unos grandes devotos del LSD y sus propiedades artísticas. Una inquietante corona hecha con trozos de muñecas de plástico cubría la cabeza de uno de los guitarras, también se veían melenas largas e instrumentos modificados con taladros y cinta aislante. Fueron esa noche los representantes de dejar claro lo que significa experimental, dando un concierto totalmente improvisado y muy ruidoso. Neil Francis, su actual frontman no paraba de abrir los brazos y bendecir a todos los presentes mientras increpaba a los miembros de su banda para que tocaran más rápido.

 

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Trepaneringsritualen

 

Una velada perfecta que terminó con charlas hasta el amanecer frente a la hoguera que se había encendido en el bosque y algún valiente bajando al lago a probar sus propiedades medicinales. Esperamos que Andy de Black Forest Radio se anime a repetir la quinta edición el próximo verano ya que fue todo un éxito de participación.

 

 

Sergio A.

 

 

Árnica – «Cabeza de Lobo»

 

Arengando a la guerra

 

Eqvilibrivm Music - Julio de 2017 - Neofolk - EQM035

 

¡Leukade! ¡Leukade! ¡Leukade!

Gira La Rueca

Dioses Ocultos

Rueda Dextrógira

Nieve En Llamas

Eburos

Cabeza De Lobo

Rueda Levógira

La Tésera Se Ha Quebrado

Ataan

 

Árnica logra superarse en su último trabajo Cabeza de Lobo, un decálogo potente que hunde su esencia en los estratos más profundos de la historia de Hispania. Furia prerromana sintetizada en forma de cortes enérgicos y directos. Indispensable.

 

Hace más de treinta siglos, España estaba habitada por una amalgama de pueblos que intercambiaban sus costumbres y tradiciones, que aprendieron a vivir conviviendo con su entorno, que entendían la guerra como el único recurso válido para dominar un territorio. Poco se sabe de sus orígenes y procedencia, pero sí conocemos su situación geográfica y parte de sus creencias. Los celtíberos ocuparon la zona noreste de la Península. Tittos, lusones, arévacos o lobetanos fueron grupos étnicos que lucharon por la vida en comunidad, entendiendo la misma como una batalla constante.

El dúo asentado en los ancestrales vestigios arévacos, Árnica, rescata magistralmente el contexto salvaje e indomable de nuestras raíces culturales, pegando un interesante repaso en sus canciones a costumbres, emplazamientos y hechos históricos de cariz prerromano. Sirva de ejemplo “Leukade”, corte con el que inauguran este magistral CD, y que rinde homenaje a una de las ciudades arévacas con mejor situación geográfica de la Edad Antigua. Árnica consigue hacer arder de nuevo su llama, resucitar la fuerza escondida en los restos, revivir la vehemencia de sus gobernadores. Consiguen hacernos sentir la tensión que implica un devenir incierto.

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Otro gran corte es “Rueda Dextrógira”, una forma distinta de entender el símbolo que comúnmente es denominado esvástica, y que mucho antes del siglo XX era utilizada para jalonar los lindes del nacimiento y la defunción. Árnica configura una hirviente tonada en la que contextualizan de forma acertada la semántica primigenia. No pierden la oportunidad de rendir culto a uno de las deidades prerromanas menos conocidas de la actual zona soriana, “Eburos”, el cual se antropomorfizaba en forma de jabalí. El conjunto sabe elogiarle en un tema inefable que destaca por su sobriedad y contundencia. Árnica engancha fundamentalmente gracias a su constante semántica subrepticia y sus incontables guiños al pasado, así que ahora sabéis por qué ocasionalmente se muestran escondidos tras cráneos de este animal.

Uno de mis temas favoritos es “La Tésera ha Quebrado”. El porqué se halla una vez más en su magnetismo conceptual: Las téseras eran una suerte de obsequios que se realizaban entre altos mandatarios de distintas tribus, entre otras finalidades, como muestra de un pacto amistoso. Todos nos podemos imaginar qué es lo que ocurre cuando ésta se rompe.

En lo netamente instrumental, Cabeza de Lobo, se amolda muy bien a la esencia ritualística de esta suerte de pueblos, ya que ellos entendían los cantos como arengas, los tambores y las flautas como medios para invocar seres metafísicos; en definitiva, la música como un medio para alcanzar un objetivo. De ahí la grandiosidad de esta banda, ya que consiguen contextualizar a la perfección por medio de su sonido todo ese microcosmos que únicamente evocan las fuentes a través de palabras y los restos arqueológicos en su sueño eterno.

Si hubiese que realizar una suerte de analogía estilística entre Árnica y otras formaciones similares, diría que Cabeza de Lobo hereda parcialmente el nervio de alguno de los primeros trabajos de Der Blutharsch, especialmente de The Pleasures Received In Pain en lo que corresponde a la energía de sus percusiones y la eventual linealidad de sonido. También encontramos ciertos paralelismos con bandas del sello austriaco Percht, como Sturmpercht o Dânnâgôischd, no obstante, Árnica sabe configurar un estilo personal, muy cuidado, que los hace grandes, únicos e irrepetibles. El CD ha sido editado por el sello portugués Eqvilibrivm y cuenta con una edición especial distribuida únicamente por la propia banda.

Cabeza de Lobo es un impactante relato acústico que nos hace sentir nuestro pasado más recóndito.

 

Fernando O. Paíno

 

Khost – «Governance»

Sonidos aplastantes

 

Cold Spring - Junio de 2017 - Doom / Industrial - CSR237CD

 

Redacted Repressed Recalcitrant

Subliminal Chloroform Violation

Low Oxygen Silo

Cloudbank Mausoleum

Demenized

[ ]

Coven

Depression

Defraction

Stockholm Syndrome

Coven. //Adrian Stainburner Remix//

 

Khost es una forma abrasiva de entender el doom. Su nuevo trabajo, Governance, nos presenta once cortes marcados por la cadencia trituradora de percusiones y guitarras viciadas.

 

Dentro de la extensa propuesta de bandas que apuestan por el sonido doom, Khost es de las más potentes y originales. Este dúo británico formado por Damian Bennett y Andy Swan idea cortes sepulcrales con clara herencia del metal, pero combinando una amplia e interesante paleta de recursos industriales que consigue emparejar las disonancias con unas melodías pausadas, firmes y trituradoras en pleno dinamismo. A ello se le añaden voces profundas y rasgadas que congenian acertadamente, dando como resultado una colección de temas auténticamente hecatómbicos. Una genial propuesta para los seguidores del metal más intransigente, así como para los adeptos a los primeros pasos de grupos como Swans, especialmente de trabajos del talante de Cop.

En Governance hallamos un perfecto equilibrio de intensidad barnizado con oscuridad y odio. Su repertorio no concede espacio al optimismo, “Redacted Repressed Recalcitrant”, el tema inaugural, deja bien claro cuáles son los jalones estilísticos del conjunto: pura opresión a base de latigazos melódicos. Otras como “Cloudbank Mausoleum” enganchan por su increíble y fluctuante potencia, relajando la presión progresivamente para retomarla de nuevo con más intensidad, procesando un cóctel sonoro rebosante de desolación

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Khost idea un sonido fogoso y subversivo, auténticamente devastador. No conviene pasar por alto cortes tan insurrectos como “Coven”, en donde la dinámica de percusión se muestra más fluida, reforzándose con líneas de guitarras expansivas y cortes limpios que modifican radicalmente el cariz de la tonada. Enérgica y desmesurada, ornamentada a base de ruido incandescente.

Governance consigue dar un paso adelante en lo que respecta al sonido de este dúo, reforzando y puliendo la esencia eidética depositada en anteriores lanzamientos como Corrosive Shroud, también publicado por Cold Spring.

El sello británico ha preparado una estupenda edición para festejar el lanzamiento de Governance, encofrándolo en un llamativo digipak de seis paneles cuya portada se muestra exenta de información alguna, mostrando una ilustración un tanto surrealista envuelta en un ambiente atezado por la desolación.

Sin lugar a dudas Governance es una de las propuestas más aplastantes y enérgicas dentro del sonido doom publicado durante este año. Una genial aportación a la peculiar y enigmática discografía de Khost.

 

Fernando O. Paíno

 

Phurpa – «Ya Tog Rid Pa’i Gyer»

Rituales difónicos

 

Zoharum - Julio de 2017 - Ritual - ZOHAR 145-2

 

Untitled

Untitled

 

El combo ruso Phurpa nos presenta la continuación de su anterior álbum Chöd. Ya Tog Rid Pa’i Gyer condensa en un solo CD más de hora y media de cantos tibetanos, sumiendo al oyente en un estado trascendental.

 

Hay varias facetas que hacen grandes a Phurpa. La primera de ellas es su nítida integridad. Este proyecto ruso no intima con otro estilo de música que no sea la practicada para fines rituales. Son capaces de marcarse un concierto de tres horas a base de cantos de armónicos e instrumentación sacra sin titubear, consiguiendo texturas sonoras blindadas por el hieratismo y la oscuridad absoluta. La segunda es su acertada capacidad a la hora de publicar lanzamientos en formato físico, contando con nada menos que cinco propuestas distintas en lo que va de año. Una ruina para los coleccionistas. Por último, cabe destacar su ejemplar y fidedigna presentación en escena, ataviándose con la indumentaria perteneciente a la tradición Bön, una creencia asiática que precede al budismo tibetano. Sus rituales son una puerta constante a la división tripartita de mundos que esta creencia practicaba, inclinándose con facilidad hacia la entrada de los demonios.

Ya Tog Rid Pa’i Gyer es la última propuesta de la banda lanzada por el sello polaco Zoharum. Se ha presentado en doble CD, y contiene más de hora y media de auténticos rituales aderezados con todo tipo de instrumentación ancestral. Se sitúa en la misma onda que su anterior lanzamiento Chöd. Phurpa no tiene la intención de sorprender ni crear nuevas modas, más bien de todo lo contrario: pretenden rescatar cultos animistas que habían quedado enterrados en la historia de Asia.

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El primer CD que estructura Ya Tog Rid Pa’i Gyer se encuentra dominado por sendas de cantos cavernosos en continua linealidad que logran trasladarnos a un estado de trance absoluto. El segundo es mucho más dinámico y concesivo si lo comparamos con su antecesor, ya que en él se intercalan los cantos con eventuales silencios, percusiones de tambor y metal, y otra suerte de elementos que ayudan a evadirnos del contexto mundano. Escuchar a Phurpa es todo un ejercicio de meditación que pocos saben disfrutar, ya que el oído del hombre moderno no se encuentra acomodado para entender la música en su estado primigenio, y éste es como apoyo a la religión, como herramienta de uso y no como un fin en sí mismo.

Ya Tog Rid Pa’i Gyer viene protegido por una doble carpeta de cartón elegantemente diseñada que respeta a ultranza la dinámica presente en sus anteriores lanzamientos, cultivando de nuevo la escala de grises y la estética sepulcral que caracteriza a uno de los conjuntos más puros y extremos que ha dado el género ritual.

 

Fernando O. Paíno

The Vomit Arsonist: Una nueva cuna repleta de caos y ruido sepulcral

 

The Vomit Arsonist es una de las nuevas promesas más punteras del panorama death industrial actual. Poseedor de un legado discográfico aplastante y tortuoso, Andrew Grant, único responsable de este proyecto norteamericano, nos cuenta el cómo y el porqué de su banda.

 

¿De qué manera llegó a nacer The Vomit Arsonist? ¿Fue algo fortuito o metódicamente deliberado?
Yo era joven y quería probar algo diferente. Me habían presentado a artistas locales del género industrial cuando era un adolescente. En ese momento, este tipo de música era casi completamente desconocida para mí, pero yo estaba extrañamente fascinado por ella, y quería ver si podía hacerlo. Los resultados iniciales fueron terribles, pero lo mantuve en marcha, y durante la última década aproximadamente, se transformó en la miserable bestia que es hoy. Ahora es muy diferente.

 

¿Qué te llevó a utilizar el nombre de The Vomit Arsonist? ¿Pretende transmitir alguna idea o connotación?
El nombre no significa nada, es una tontería por el bien de las tonterías. Y por lo general evoca una respuesta disgustada o, si no otra cosa, extrañamente intrigada de la gente, que me parece divertida. Ojalá hubiera una historia más interesante detrás de él. Si me preguntas si el proyecto en sí tiene un mensaje, o una postura .. entonces no, realmente no. Si se enfoca en términos absolutos, se trata de las emociones humanas más negativas, sobre todo las cosas que experimento y siento a diario . Enfermedad mental, desesperanza, futilidad, vacío, miedo, ansiedad.

 

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¿En qué se fundamentan tus influencias musicales dentro del panorama death industrial ?
Aproximadamente la mitad de mi inspiración para seguir haciendo esto proviene de artistas que admiro: cineastas, músicos, escritores. La otra parte es basada en la personalidad, supongo. Estoy influenciado por mis propias ansiedades, mi propia depresión y mis propias inseguridades. Si mi vida va bien, me resulta más difícil escribir o grabar música. Puedo hacerlo, pero tengo que trabajar más, no acaba de derramar. Por supuesto, cuando las cosas van mal, la musa está ahí, pero me falta la motivación …

Estoy tratando de separarme de la música tanto como pueda mientras todavía estoy creando algo que me parece personal y significativo. Puede ser desalentador, a veces.

 

¿Qué opinas del mundo que nos nutre?
Completa puta desesperanza. Realmente no entiendo cómo alguien podría tener una perspectiva positiva sobre la vida en absoluto, y mucho menos con la forma en que las cosas son ahora, pero tengo cero esperanza para el futuro. Simplemente no veo cómo es posible. Durante los últimos 8 meses o así, he fluctuado de estar desesperadamente deprimido a furiosamente enojado sobre el estado del mundo. Miro situaciones tanto en América como en el extranjero y no veo soluciones. Las líneas en la arena se dibujaron hace mucho tiempo, ahora la gente en ambos lados está actuando. Sólo va a haber una salida … y no sé muy bien lo que es… pero sé que a nadie le va a gustar. Personalmente, he estado tratando de tomar el enfoque absurdo y nihilista y solo reírme tanto como pueda. A veces es todo lo que puedes hacer para evitar que te vuelvas loco.

 

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¿Cuál es tu artefacto favorito a la hora de hacer ruido?
Korg MS20. Recibí la mini versión el año pasado y se convirtió en mi sintetizador principal para casi todo. Un sonido tan grande, tan versátil. No me puedo ver deshaciéndome de él.

 

¿Qué aspectos positivos y negativos encuentras en el hecho de actuar en directo?
Tocar en vivo siempre resulta extraño para mí. Me gusta bastante, y siempre lo espero hasta que llega el momento de actuar. Tengo muy malos ataques de ansiedad y eventualmente me empiezo a cuestionar por qué estoy haciendo esto, si vale la pena para mí, si vale la pena para alguien más, si nadie realmente le importa una mierda… por lo que a menudo es una experiencia incómoda. Es algo realmente extraño, porque he estado actuando delante de la gente durante más de la mitad de mi vida. Para responder a tu pregunta, la mejor parte es cómo me siento después de que ha terminado. Se siente algo parecido a como cuando un peso aplastante se ha levantado de tus espaldas -aunque sólo temporalmente-.

 

Anima Nostra – «Atraments»

Continuando con la devastación

 

Malignant Records - Junio de 2017 – Death Industrial / Dark ambient – TUMORCD107

 

Composition For The Shadow Self

Naamah

Blameless

Tabula Smaragdina

Solemn Majesty

Anima Nostra

Intermezzo For The Double-Wanded One

Doxologia Yaldabaoth

The Seal

 

Hace un año, la unión de talentos surgida entre Margaux Renaudin y Henrik Nordvargr Björkk dio a luz un álbum excepcional llamado Anima Nostra. Ahora, la casa estadounidense Malignant Records rescata a este salvaje combo para continuar dibujando paisajes acústicos yermos e incendiados. Atraments se descubre como un disco sumergido en fuerza y misterio.

 

Anima Nostra fue una de las mejores propuestas del año pasado. Este disco presentado por Cold Spring se daba a conocer con el nombre del artista que encabezaba el proyecto, Henrik Nordvargr Björkk, que en colaboración con Margaux Renaudin lograba gestar un trabajo impactante e implacable que jugaba a partes iguales con el death industrial, el ritual y el dark ambient. Pues bien, una año más tarde la discográfica norteamericana Malignant Records anunciaba la continuación de esta fructuosa alianza, dando a conocer un disco perfecto cuyo nombre de proyecto en esta ocasión se rebautiza, usando el mismo que el álbum primigenio: Anima Nostra.

El CD mantiene la esencia mortecina y desoladora presente en su anterior lanzamiento. Se juega constantemente con los paisajes acústicos trémulos y sombríos para pasar de un salto a contextos contundentes y aplastantes, cercanos al doom, como es el tema que apertura este trabajo “Composition For The Shadow Self”, en el que las voces cavernosas e iracundas se adaptan a las líneas de guitarra y a las pausadas explosiones de percusión.

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Atraments convence por su acertada y homogénea mixtura de influencias y estilos, además de por su magistral tratamiento del sonido. Presenta un cariz netamente industrial, escorándose hacia la vertiente más oscura del mismo. Hablamos de un disco perfecto para seguidores de Lustmord, In Slaughter Natives, Brighter Death Now o Trepaneringsritualen, sobre todo si atendemos a cortes tan fantásticos como “Blameless”, en el que el tempo gana fuerza, configurando un tema dinámico, con constantes vaivenes de intensidad, muy cáustico y decadentista. Uno de los más recomendables de este CD. Otro igualmente apetecible es “Solemn Majesty”, en el que se juega con continuas melodías de órgano, generando un interesantísimo universo sonoro que puede evocar de forma indirecta la esencia de los primeros Dernière Volonté. No obstante, Atraments sabe jugar con los ambientes etéreos, la urdimbre neoclásica y un cierto sabor martial.

Llama enormemente la atención la gran capacidad que Nordvargr presenta a la hora de desarrollar todo tipo de contextos acústicos. Hablamos de un músico marcado por la desambiguación estilística y el eclecticismo, cultivando todo tipo de subgéneros post-industriales en sus numerosos proyectos, entre los que se encuentran Mz 412, Toroid o Folkstorm.

Malignant Records no ha perdido la oportunidad de presentar este excepcional disco en un llamativo digipak cuya portada juega con los efectos de brillos y mates, ésta ha sido diseñada por el responsable de Trepaneringsritualen, Thomas Martin Ekelund.

Atraments deja el listón muy alto en lo que a industrial sombrío se refiere. Un magnífico trabajo que robustece la alianza gestada entre estos dos magníficos compositores.

 

Fernando O. Paíno

 

 

 

 

 

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