Sudaria – “Live at the Temple of Flesh”

Enterrando huesos en el jardín

5_Estrellas

 

Marbre Negre - Septiembre de 2018 - dark ambient/noise - MN087

 

Tantric Intoxication

Self-induced Transfiguration

 

Tensión, experimentación embarazosa, pequeñas dosis de condimentación industrial… Sudaria tiene todo esto y mucho más; y puesto sobre directo resulta todavía más convincente. “Live At The Temple Of Flesh” es una bofetada rellena de cenizas humanas y malos augurios, pura desolación sonora. Apetitoso de principio a fin.

 

Miguel Souto es uno de los artistas más sorprendentes y productivos de nuestro país. No para de crear mundos enfermos en forma de sonido, bien sea bajo su propio nombre o con el proyecto al que hoy hacemos referencia: Sudaria.

En esta faceta de Souto, los esquemas dark ambient proliferan de forma absoluta, planteado una suerte de telares acústicos guiados por drones sobre los que se salpica todo tipo de percusión ritual, como pueden ser cuencos tibetanos, mezclada con otra serie de recursos mucho más fabriles, oscilando a su vez las intensidades y los alcances de los mismos hasta generar un cosmos sonoro bien nutrido y contundente.

Los directos de Sudaria son asfixiantes y paroxísticos. Souto sabe plantear su discurso de una forma muy particular, retando al oyente a asumir su propia angustia a base de golpes producidos por una angustia mayor, que es la que él propone por medio del sonido.

 

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Live At The Temple Of Flesh está compuesto por dos cortes de más de veinte minutos de duración realizados en el más riguroso directo. Éste tuvo lugar a lo largo del año 2018, pero desconocemos la ubicación del mismo. Sólo podemos afirmar una cosa: los límites categóricos del dark ambient de toques industriales han sido holgados gracias a este trabajo. Un producto netamente hierático y abrasivo que no regala complacencia alguna al oyente. Una masacre acústica que encandilará a seguidores de proyectos como Whitehouse, Brutalomanía o Tube Tentacles. El guiño de Souto, su punto de distinción, consiste en dejar hueco al silencio con el fin de asaltarlo de forma impune y salvaje, y una vez hecho, tirarlo al contenedor y lavarse las manos.

La casa catalana Marbre Negre ha vuelto a apostar por Sudaria. Se han lanzado al mercado únicamente 25 ejemplares de esta colosal muestra de terror sonoro, una cantidad un tanto exigua si tenemos en cuenta la calidad del producto que tenemos entre manos. En estos momentos todavía queda alguna rondando por el Bandcamp del sello, por lo que si estás interesado, te recomendamos actuar lo antes posible.

 

https://marbrenegre.bandcamp.com/album/live-at-the-temple-of-flesh

Viviseccionando a Miguel Souto

Miguel Souto es una de las cabezas visibles más representativas del sonido experimental extremo en España. Responsable de un buen número de proyectos entre los que destellan Sudaria o Lacrimi si Sfinti, este gallego nos cuenta el cómo y el por qué de su música. 

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¿Podrías hablarnos un poco de tu trayectoria musical? ¿Cómo y por qué comenzaste a hacer música? ¿Qué te llevó a escorarte hacia el experimental oscuro?

Mis inicios en la música no encierran ningún misterio y son como los de cualquier otro. Sobre los 14-15 años empecé a tocar la guitarra. Estuve yendo a clases durante cosa de un año, pero allí me aburría bastante y seguí por mi cuenta. Convertirlo en una rutina era demasiado tedioso para mí, y además detestaba el rollo de aprenderte canciones de otros, etc. Me recuerdo componiendo cosas desde el principio. Compuse mucha basura.

Toqué la guitarra, el bajo y grité en distintas bandas montadas con chavales de mi zona. Aunque no me entusiasma cantar, por A o por B acababa siempre asumiendo yo ese rol. Mi primera banda sonaba a una quimera extraña y pobre de punk, grunge y heavy. Luego toqué la guitarra con unos chavales que querían hacer algo al estilo Guns n’ Roses. No duró mucho tiempo. Estuve un tiempo tocando primero el bajo y luego la guitarra en una banda de thrash llamada Implosion. También metía algunas voces. Luego formamos Kill As One. Empezó como una banda thrash pero tocamos palos muy diversos hasta que nos asentamos en una especie de black/thrash/death y nos cambiamos el nombre a Arkaik Excruciation. Kill As One pasó por muchas fases, entre ellas una en la que no parábamos de dar conciertos, y otras menos activas. Sobre 2012-2013 estuve un tiempo tocando con chavales que estudiaban Sonido conmigo en una banda en la que mezclábamos algo así como sludge, hardcore y screamo que habíamos bautizado como Río Bravo y le pusimos la etiqueta muy seria de western screamo.

Durante los inicios de Arkaik Excruciation me di cuenta de que podía hacer cosas yo solo, y que esa forma de operar también tenía su encanto. Me empecé a enfrascar con cosas que nunca había hecho… Nacieron proyectos como Scythe o TDA. Empecé a conectar cacharros unos a otros, me compré una grabadora que pronto llené con grabaciones de campo. Mis intereses musicales se empezaron a abrir cada vez más, y descubrí gente que hacía cosas que nunca hubiera imaginado. Realicé muchas pruebas y saqué mucho material, quizá, montonero. Todo esto fue derivando poco a poco en la idea de hacer música con mi propio nombre. Una idea que al principio no me gustaba mucho pero que cada vez se hacía más atractiva. Creo que al final fue una buena elcección. Supongo que esto que acabo de contar explica mi deriva “experimental” (si es que esta etiqueta sigue teniendo validez hoy en día). Por otra parte, esa “oscuridad” que mencionas supongo que tiene que ver con mi bagaje en el metal extremo.

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Eres un artista que trabaja de forma paralela en varios proyectos, además de cultivar tu faceta en solitario. Háblanos un poco de todo ello.

Siguiendo un poco con lo anterior debo añadir que es siempre todo un tanto espontáneo. Dedico poco tiempo a planear y el máximo posible a actuar. Cuando planeas te pierdes en un limbo de reflexiones e ideas que puede que nunca se lleguen a llevar a cabo. Dedico más tiempo a hacer música que a cualquier otra cosa. Enviar promos me da pereza y me siento sucio al promocionarme y contactar con sellos. No es nada moral ni de ética underground ni nada por el estilo. Es una sensación que no controlo. Supongo que será el síndrome del impostor ese del que tanto se habla ahora o algo así. Solo que sin fama, sin éxito, sin dinero y sin nada de nada. En fin, compaginar proyectos no se me hace difícil, no tengo que hacer tal cosa. No tengo que compaginar nada. Hago siempre las cosas según vienen. No obstante, debo admitir que cada vez tengo menos tiempo del que me gustaría para la música y es una pena. Tengo mucho material decente sin editar y otro tanto sin terminar.

Tu sonido resulta fantástico, entre otras muchas razones, porque logra subsumirnos en estados de presión y asfixia. ¿Qué es lo que te lleva a idear música tan extremadamente personal de forma angustiosa y febril?

No lo sé. Como te digo es siempre todo bastante espontáneo y supongo que tendrá mucho que ver con mi forma de ser. Muchas veces me absorbe la idea de crear algo monótono, con poco cambio y emotividad cero. Cenizo, hecho sin pasión. Y supongo que eso puede acabar derivando en lo que mencionas. Me gustan las cosas con poco cambio. La idea de un torrente o flujo musical constante el cual puede ser extendido durante horas en bucle en cualquier tipo de espacio con el objetivo de alterarlo, cambiarlo, creando un espacio de realidad divergente –y no tanto un artificio–; un organismo vivo a través de la música, el espacio y las personas que deciden situarse allí e interactuar y recibir esas coordenadas espaciales y auditivas, sea de forma activa o pasiva. En esta línea, la referencia más clara podría ser el disco de Lacrimi și Sfinți. Quizá esto que cuento y de la forma en la que lo cuento suena demasiado cerebral pero no lo es. Como decía, suele ser bastante espontáneo. Soy una persona algo impulsiva creando. Cuando tengo una idea y empiezo a perseguirla, no puedo parar. Supongo que mi forma de sonar dice algo sobre mí.

A la hora de elegir y trabajar: ¿te decantas por lo digital o lo analógico?

No soy ningún purista pero me encanta el equipo analógico, es más sensitivo. Sea como fuere no tengo mucho equipo, ni analógico ni digital. Trabajo con poco. No por decisión activa, sino por falta de pasta.

Uno de mis trabajos favoritos de tu repertorio es tu colaboración con Miguel A. García, The Lurking Fear. Un disco que no he parado de disfrutar desde que tuve la ocasión de descubrirlo. ¿Cómo surgió esta alianza con Miguel?

Todo el mérito es de Mikel. Él me pasó un montón de material que había grabado (te estoy hablando de unos cuantos gigas de material excelente) y yo lo fui seleccionando, editando, mezclando… Cuando empezó a tomar forma se lo pasé… Añadimos más capas cada uno y discutimos ideas hasta que se llegó a una versión final. Personalmente es un disco que me gusta mucho, me alegra que tengas esa impresión. Adelanto que hay dos temas por ahí, descartados del disco, que puede que vean la luz en formato cinta, puede que con una tercera mano añadiendo más capas a la formula.

¿Tienes a la vista algún concierto para este 2019?

El pasado 26 de enero Àlex de III Arms me organizó un concierto en Barcelona con Noir Noir y Gyakusatsu, más una exposición de grabados de la maravillosa Sara García Pérez en la sala Meteoro. Por el momento no hay más conciertos planeados para este año.

¿Cuál es tu opinión acerca del panorama industrial en nuestro país? Crees que la música independiente de experimentación ruidista está consiguiendo hacerse hueco dentro del mainstream, o que todavía sigue siendo considerada la oveja negra de la familia?

No tengo una opinión marcada, ni me paro mucho tiempo a pensar en esas cosas. Cualquier cosa que te pueda decir pecará de ambivalente.

Mi sello, Anoxia Records, nació un poco con la idea de tratar de mover esta música en otros círculos más allá del ruido extremo. Una estupidez por mi parte. Además, llevo bastante tiempo dudando sobre el sentido de seguir insistiendo en sacar trozos de plástico (muy bonitos eso sí) con música grabada encima que acabarán en el cajón de 4 colegas y poco más. No sé ni siquiera si tiene sentido seguir haciendo música. De hecho lo dudo bastante. Pero al final acabas cayendo, no puedes evitarlo. La distinción entre alta cultura y la baja cultura me parece una estupidez. La palabra “contracultura” me produce urticaria y las barreras de género, estilo, etc. me parecen de otra época. Pero da igual la visión que tenga sobre las cosas, las cosas son como son y siempre voy a estar limitado por quien soy y mis capacidades. Supongo que sí que hay algo así como “mainstream” aunque odie esa división. Es estúpido pensar que la popularidad de algo pueda definir su forma y su contenido. Lo triste es, que pese a estúpido, es así. Y eso es prueba de lo idiotizados que estamos. Se nos ha enseñado lo que es música y lo que no. Hemos absorbido como “naturales” todo tipo de abstracciones formales, y hemos olvidado los ruidos de nuestro día a día. Aún encima, casi todas las bandas suenan iguales, da igual el género o su estatus (mainstream o underground). Y no creo que yo sea una excepción ni mucho menos.

Háblanos de tus influencias. ¿Cuáles son tus discos de mesilla de noche?

Como te decía, vengo del metal extremo y supongo que este bagaje influye de alguna manera en mi producción más “experimental”. El salto del metal a territorios más experimentales no se produjo en ningún momento de forma lineal o arborescente ni de forma instantánea. Fue un salto lento y sutil que se movía en todas las direcciones. Mis influencias filosóficas y formales a la hora de crear ruido incluyen artistas y autores como John Cage, Eliane Radigue, Karlheinz Stockhausen, La Monte Young, Else Marie Pade, SPK, Skullflower, la filosofía elaborada por los filósofos franceses Deleuze y Guattari, los textos de Sade, Bataille, Artaud, Panero, Pizarnik, Agustini, Cioran, Ligotti, Mainländer o Sylvia Plath. Y aunque intento que todo esto no me limite, supongo que siempre están ahí.

¿Planeas algún lanzamiento en los próximos meses?

Si todo va bien, sí. Unos cuantos. Para bien o para mal. El primero será una cinta titulada “Lilith” con tres piezas para piano y electrónica que sacaré con Anoxia. También sacaré con mi sello una cinta a Damien De Coene que promete bastante. Serán ediciones especiales y limitadas.

Sudaria – “Lucid Nightmares”

Dispuestos a fracturar las fronteras del paroxismo

5_Estrellas

 

Frozen Light Records – abril de 2017 – noise/dark ambient – FZL 057

 

 

Lucid Nightmares


Mirrors Of Ignorance


Pale Old Gods


Age Of Vice


Shapeless Flame


Abhorrent Breeding


Abortion

 

 

 

El proyecto gallego Sudaria rompe moldes con un trabajo vibrante y lúgubre. “Lucid Nightmares” nos invita a traspasar las fronteras del paroxismo con una imponente alternancia de power electronics y dark ambient.

 

Hace poco tiempo Sudaria daba a conocerse gracias a su primer CD The Syncretic Labyrinth, en el que presentaban toda una declaración de intenciones estéticas altamente transgresoras. Ahora, pasados unos meses, nos ofrecen su segunda propuesta, Lucid Nightmares, siete vórtices sonoros en los que la presión ambiental y los paisajes acústicos de corte pausado y envolvente se dan la mano para forjar una alianza perfecta.

El disco abre sus puertas con el corte que le da nombre, “Lucid Nightmares”, un torbellino de disonancias en constante distorsión en el que la banda desboca los jalones de la categorización. A éste le sigue “Mirrors of Ignorance”, donde un telar de sonidos en forma de drone se hacen con el espacio y el tiempo para definir escuetas y cálidas melodías que se ven salpimentadas con todo tipo de ruido blanco. Y es que si tenemos que marcar un denominador común dentro de la idiosincrasia de este proyecto coruñés sería su reafirmada oscuridad. Ninguna de las canciones que alberga Lucid Nightmares se escapa del toque sombrío y aciago impregnado casi de forma inmanente.

 

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Una gran muestra de delirio acústico rebosante de desasosiego la hallamos en “Age Of Vice”, su cuarta propuesta. En ella todo se torna intangible y confuso, abandonándonos en medio de un océano cargado de malos presagios.

El amor por el dark ambient y el noise toma forma en un espectacular tema, “Shapeless Flame”. Salpicaduras de sonidos metálicos en pura incandescencia que atraviesan las débiles cortinas acústicas de las que a su vez se nutren. La angustia que porta “Abhorrent Breeding” se encarna en forma de órgano de iglesia, y una suerte de voces espectrales terminan de perfilar lo que ya es de por sí un contexto absolutamente desconcertante.

Descubrir a Sudaria implica una grata sorpresa, sobre todo si eres afín a los contextos oscuros de corte incómodo y opresivo. Lucid Nightmares ha visto la luz en formato digipak, limitado a únicamente 102 ejemplares. Muchos de ellos ya han sido vendidos, y en estos últimos meses encontrar copias de este título se ha convertido en una tarea algo complicada, por lo que si tienes la suerte de toparte con una, no pierdas la oportunidad de hacerte con ella.

 

 

Fernando O. Paíno

 

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